martes, mayo 11, 2010

CRÓNICAS DE UNA MUERTE IGNORADA


“¡Me cago en la madre!” grito Roberto al enterarse que su manuscrito fue rechazado. Fue más que el rechazo, pues como escritor estaba preparado mentalmente para que sus “hijos literarios” cayeran mal a ciertos segmentos de la población. No. Su furia nacía del hecho que era la cuarta vez, y por la misma casa publicadora. Primero lo rechazaron pues el escrito “no era lo suficientemente puertorriqueño”. Luego lo desaprobaron porque era demasiado extenso. ¿Quién iba a leer 400 páginas? Así que retomo su pobre y repudiado hijo, y quito con dolor 70 oraciones, acorto 55, modifico 20, elimino segmentos, aborto otros. Asimismo agrego referencias a Luis Pales Matós, Enrique Laguerre, Julia de Burgos, los jíbaros, las extintas azucareras…y lo rechazaron por tercera ocasión porque “no había suficiente acción”. Finalmente rehizo todo…y lo rechazaron por ser un escrito demasiado sexual y violento. Enojado más allá de todo sentido, con un odio de calidad virulenta, quemo el documento dando muerte a la historia. Su sangre hervía con obscenidades, y como le quedaba todo el día para vivir, se fue a ahogar su decepción en Jack Daniels.

“¡Puta madre!” anuncio Roberto a los cuatro borrachos que lo acompañaban. Su ATH fue rechazada por la dichosa maquinita que cada vez eran más discretas en su canción. “¿Cómo carajo que esta sin fondos? Pásala de nuevo puñeta que eso tiene que ser un error.” Con una calma budista adquirida por décadas manejando ebrios, el bartender accedió al pedido. El resultado se reprodujo para el desagravio de Roberto. Cuando escucho “lo siento, no tiene fondos”, las llamas de su miseria se reavivaron. El cielo se paralizo por las maldiciones que brotaban como ulceras de la boca de Roberto. “¡MIERDA! ¡ME CAGO EN LA MADRE DE LA PUTA JEFA MIA! ¡OJALA SE MUERA LA CABRONA LESBIANA ESA!” Prosiguió en su sinfonía de frases proscritas por la sociedad, llenas de racismo y perversidad.

“¡VETE A LA MIERDA CANTO DE PENDEJO!” le contesto Roberto a Julio cuando este con intenciones fraternales le hizo un chiste al enterarse del cuarto rechazo. Lo miro pasmado, embrutecido por la magnitud de la reacción. Jamás en sus 27 años de amistad escucho un insulto de la santa boca de Roberto. Buscando el camino a la paz le dijo “loco, mala mía, es que te vi tan mal que quise…” el enojado no lo dejo terminar, y lo interrumpió con una oleada sicótica de palabras insultantes. “QUEMEIMPORTASONPENDEJOVETEACOGERPORELCULOSOCABRÓN”

Era de noche cuando finalmente llego a su casa. Enojado, y bellaco. Prescindiendo de los saludos que exigen los modales, agarro a su esposa por la cintura y la beso apasionadamente. Saboreo la dulzura de sus labios mientras apretaba sus nalgas esculpidas por los aeróbicos. Ella acepto su pasión con suma alegría, pues después de meses al fin Roberto había recuperado los deseos carnales.

La jalo y la apretó contra la pared mientras su lengua exploraba la boca de su amada. Ella suspiro mientras su piel se electrificaba. En su ansiedad por explorarla introdujo sus manos por su blusa y agarro los senos. Los acaricio con delicadeza, masajeándolos en un frenesí indescriptible. La reacción de Mirna era de esperarse. Sus pezones se endurecieron mientras ríos de agua viva brotaron de su feminidad. Roberto la arrastro hasta llevarla al sofá. Con velocidad sexual le quito la blusa y la beso en el cuello, en los pezones, en el vientre. La locura de la expectativa lo devoraba con salvajismo. Mirna lo agarro por la cabeza y mientras le jalaba los cabellos le beso con pasión divina. Solamente interrumpía los besos para brindarle mordidas juguetonas en los labios. En respuesta, Roberto introdujo su mano en los pantalones de su mujer y comenzó a masajear. Sus labios se abrieron en una sonrisa fáunica. La miro a los ojos mientras le decía “mi amor, estas mojaita”. Ella lo miro como una súcubo ante su nueva victima. Se acerco a su oreja y luego de morderla le dijo “déjate de juegos y clávame”.

Luego del festín sexual, se abrazaron en el hermoso piso de mármol blanco de la sala. “¡WOW!” grito Mirna. “Amor, esto ha sido… ¡exquisito! ¡Quiero otro round sabes!” Roberto suspiro satisfecho, contento que aun era capaz de llevar a su mujer al mayor de los placeres orgásmicos posibles. Después de un día repleto de pesimismo, el ejercicio pélvico lo renovó. Decidió re-escribir la historia, y buscar otra casa publicadora, alguien con menos ínfulas de guardianes de las letras, alguien que de verdad apoye el talento nuevo. Mientras contemplaba a su mujer recordó algo de suma importancia que su deseo de publicar le hizo olvidar. El escribe para él, no para otros. Se irguió a la vez que decía “ire al cuarto a buscar las cremitas.” Camino con la paz que solamente es capaz de brindar el más animal de los orgasmos. Llego a su cuarto, y abrió la gaveta que guardaba todos los juguetitos sexuales….

“¡QUÉ CARAJO ES ESTO!” retumbo por toda la casa. Mirna se puso de pie con terror en su alma. Roberto bajo marcando cada paso en los escalones de la magnifica escalera de caoba. Su mano izquierda sostenía unos calzoncillos. “¿Me puedes decir quien carajo estuvo aquí?”. Ella lo miro muda, buscando algo que decir. “¡RESPONDEME CARAJO!” “De Luis” contesto casi inaudible. Se alejo de ella, hiperventilando. “¿Cuándo?” Entre tics nerviosos le contesto “hace dos horas”. Su amigo el odio regreso, enroscándose en su alma calmadamente. Se volteo para mirar a los ojos de su esposa mientras trataba de hablar con calma y en voz baja “2 horas…”

La policía encontró un cuerpo brutalmente mutilado. Cuando finalmente se autorizo la remoción, todos los presentes se fueron a tratar de borrar con alcohol la imagen voraz. Al llegar a la morgue, tuvieron que llamar al supervisor. Nadie era capaz de trabajar con lo que trajeron los paramédicos. La autopsia revelo que el arma fue un machete. Durante el examen, el medico descubrió que la herida mortal fue en la cabeza. El golpe abrió el pómulo derecho haciendo que la mandíbula se desprendiera, y que el ojo explotara por la fuerza del impacto. Sin embargo, el cuerpo presentaba 70 heridas. Al leer el documento daba la impresión que se trataba de una lista de un carnicero. El seno derecho fue cercenado. Ambos brazos estaban divididos en múltiples segmentos, creando un macabro rompecabezas. Ambas rodillas estaba polvorizadas, y el vientre abierto hasta llegar a la ingle. La furia del ataque dejo mudo al galeno, quien decidió que ya era momento de tomarse unas vacaciones.

“Este es el fin” dijo Roberto ensangrentado y desnudo. Tomo un fósforo, y automáticamente se prendió en fuego. Sus gritos se esparcieron por el monte, quien contemplo impávido como las flamas consumían a su victima.

I.J. Vázquez Torres ©

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