Fue el resultado de meses de esfuerzo y planificación… ¡dónde están mis modales! Estoy hablando como si supieran los detalles. Soy un desconsiderado. Les hablo de la muerte de José Feliciano Antonini, uno de los más importantes ciudadanos de Rakmah.
Don José (como llegaron a llamarlo en el pueblo) fungía diversas labores en el pueblo. No bastaba con ser maestro de historia en la escuela superior. También era miembro del Club Solar, una agrupación de hombres que realizan obras comunitarias de alto valor social y filantrópico. Su “bondad” era superada por su conocimiento sobre todo tipo de materias. El hombre era prácticamente una biblioteca ambulante. ¿Cómo cambiará la percepción del pueblo cuando sepan que dichos conocimientos incluían las artes oscuras?
Nunca lo sabré. Pienso irme en busca de su familia y liquidarla, uno a uno hasta que satisfaga mi sed de venganza. Y parte de esa venganza es destruir sus reputaciones. José era miembro del Sol Negro, un culto dedicado a blasfemias y hechicería. Yo tuve que presenciar muchos embrujos, contemplar rituales que arruinarían la mente del no iniciado, y ver sacrificios animales y humanos. Los animales eran peor. Al menos los humanos comprenden lo que les iba a pasar.
Trate de alejarme de su vida. Pero el no me dejaba. Palizas, si, recibí muchas palizas por desear una vida alejada de las penumbras. Lo más horrible, es que eran palizas sicológicas. Esas no dejan marcas inoportunas que llamen atenciones indeseadas.
¿Cómo librarme de su cruel control? Combatiendo fuego con fuego. Su caída surge de su total confianza en mí. Esta casi infantil certeza en mi fidelidad, hizo una labor sencilla obtener su libro de conjuros. Mi odio hacia el era grande, pero su última aberración fue lo que me llevo al borde. Ahora soy un ser que vive para contemplar la agonía de su familia. Todos pagaran. Uno por uno. Unos por omisión, otros por obra. Nadie merece compasión.
Esa noche no dude en que deseaba lo más salvaje, lo más virulento. Realmente la completa aniquilación no era suficiente. Así que invoque la presencia de Beel’Pheor. Necesite la sangre de dos almas negras, lo cual fue fácil. Sus dos hijos mayores eran dos de las almas más nefastas que he conocido. El ser era horrible, nefasto. Era imposible contemplarlo fijamente sin perder la cordura. Sus ojos eran odio, y su voz pudrición. Su cuerpo era una masa de inmundicia que asumió una fisonomía humanoide, que resultaba una burla. Al hablar sentí que violaban mi cerebro…deseaba huir, alejarme de la blasfemia que era la existencia de ese ser. No obstante me obligue a permanecer ahí, rodeado de la pestilencia que emanaba de Beel’ Pheor. Mi venganza iba a ser cruel y magnifica.
Me pregunto cual era mi deseo, que iba ser lo que mi corazón iba a ordenar. Sacando un pedazo de tela (de la camisa favorita de mi victima), con varios cabellos entrelazados, y una gota de sangre, le dije “quiero el sufrimiento más abominable para José Febles Antonini, hijo de Eliseo Febles Buendía. Que todo el dolor que ha causado le regrese multiplicado por un millón, y luego que te lleves su alma al Circulo Interno del Séptimo Infierno.” Fui envuelto en una carcajada infrahumana, lujuriosa, asquerosa. Una carcajada que lleno de escalofríos mi piel y terror mi alma. Cuando concluyo, respondió “Así será.”
Solamente puedo imaginar lo mucho que sufrió. Tomando en consideración que por medio de la magia hizo sufrir un sinnúmero de personas a través de 30 años…recuerdo que a una mujer le hizo sentir todos los dolores del cáncer hasta que la llevo al suicidio… Me importa poco si me creen. Sólo les garantizo que la masa de huesos quebrantados cubiertos por carne y pelo era Don José. El Gran Padre de un círculo de brujas. Maldito bastardo que cuando descubrió que dos de sus hijos abusaban de su hermana decidió unírseles. Maldito infeliz que preño a su hija y luego la hizo abortar. Si, Don José abusaba de mi hermana, y eso fue lo que me llevo al pecado del parricidio.
Ahora quedan mis otros hermanos, y mi madre. Los hallare eventualmente, tengo la ayuda de Beel’Pheor. No habrá piedad. Cuando lean esto, probablemente mi alma estará siendo atormentada en el lugar del infierno reservado para los que comenten actos de venganza.
I.J. Vázquez Torres ©
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