Ella estaba en lo más profundo del bosque, abrazando con suma testarudez su rutina. A pesar de su complicado embarazo, se negaba a obedecer las recomendaciones de su medico. Se rehusaba a vivir en su cama, a “reposar”, a “tomarlo con calma”. Para su asombro, su familia concordaba con el galeno. Poco a poco, y para su irritación, se agrando el grupo de personas que la aconsejaban; embargándola con sugerencias sobre como cuidar su cuerpo y su bebé. La enojaba sobremanera lo que tomaba como una intromisión en su vida personal. Le era suficiente con su doctor. Así que dejo de hacerles caso a todos. Sus reflexiones inundaban su mente, haciéndole imposible el disfrutar de la hermosura que la rodeaba. Era tanto su enojo, que pronto olvido el propósito de su caminata.
Se adentro más en el bosque, comprometida totalmente con su rutina. Llego a un claro, donde aprovecho para reposar unos minutos. Contemplo su enorme panza, y sonrió. Desde que supo que estaba embarazada, amo con total entrega al bebé. “Hoy has estado tranquilito”, dijo mientras acariciaba su barriga. Tomo varios sorbos de agua, buscando mentalmente una ruta que fuera corta, y a la vez satisfactoria. A pesar de todo, no deseaba preocupar a su esposo. El único que no la embargaba con cuidados y consejos. Solamente él mostró respeto por sus deseos de proseguir su vida normal. No como su madre y sus hermanas, que le llenaban el celular de mensajes de voz, y visitas constantes. Que le llenaban el Inbox de su correo electrónico de reportajes, sugerencias, y otras incontables basuras. Estaba a punto de volverse a enojar, cuando comenzó. Fue inesperado, pues aun faltaban tres meses para completar el embarazo.
No hubo pánico en su corazón, ni se dejo absorber por el miedo. Desde el primer mes, su bebé brindo indicios de que iba a ser difícil de manejar. Parte de su cinismo la llevo a prepararse para esta eventualidad, sobretodo en aquel punto tan alejado de la civilización. Tomo varias inhalaciones del aire puro y aromático, mientras meditaba y se concentraba para derrotar al dolor. Cerró sus sentidos y los limito a la imagen mental de una rosa amarrilla. Cerró sus sentidos, pensando solamente en su respiración. Como el aire puro y verde del bosque entraba, y la limpiaba; a la vez que exhalaba todo lo negativo. Eventualmente, el dolor la abandonó.
Tomo su celular, y marco el número de su esposo. Necesitaba advertirle, para que estuviera todo listo para su llegada. Timbró varias veces, hasta que le contesto la grabadora. Levanto los ojos al cielo, llena de desespero y enojo. “¿Dónde carajo estará el idiota este?” le pregunto a los árboles. Prosiguió su caminata, atenta a las señales de su cuerpo, y los avisos del camino. Marco nuevamente el número, con el mismo resultado. Esta vez dejo un mensaje lleno de rudeza a su marido. “Siempre lo mismo” musitaba una y otra vez, sin darse cuenta que un hilo de sangre le bajaba por la pierna.
Cuando se disponía a volver a llamar a su marido, fue asaltada por otra oleada de dolor. Esta vez la intensidad del mismo la hizo gritar. Abrazó su vientre, mientras la masiva contracción se apoderaba de ella, llevándola al llanto. Nuevamente uso su ejercicio de relajación, buscando liberarse de la horrible sensación. “Más le vale a este cabrón que coja el teléfono” suspiro mientras trataba de marcar el numero. El timbre sonaba y sonaba, y nuevamente le contestaba la maquina. Estaba claro, su esposo, el irresponsable, nuevamente dejo botado el celular.
La sangre continuaba brotando en mínimas cantidades, lenta y callada. Ella estaba tan concentrada en su enojo, que no se percataba. Mientras tanto, el sol iba en ruta al ocaso, y ya era posible contemplar algunas estrellas. Y aparentemente, la futura madre tomo un giro equivocado. Se detuvo para examinar sus alrededores, al tiempo que buscaba mantener la calma, cuando fue asaltada nuevamente por el terrible dolor. Fue intenso, abrazándole por completo el ser. Desde su vientre hasta su cabeza, se elevaba un dolor incomparable a otros. Cerró sus ojos, no para meditar, sino para poder luchar contra un grito. En meros segundos, el dolor se transformo en agonía, y se entrego al instinto, dejando escapar un grito que acallo la vida silvestre. Sus pies perdieron fuerza, y fue a parar en el suelo. Se abrazaba el vientre con insistencia, tratando de calmarse, de silenciar el dolor, pero resultaba imposible. Nuevamente agarro el celular, pero el dolor se lo arrebato de las manos.
Su vientre se agitaba con salvajismo, mientras más sangre brotaba de su interior. Intento erguirse, con una terquedad increíble. No iba a dar a luz a su bebé sola en el bosque. Sin embargo, sus pies la traicionaron. A cada instante el dolor aumentaba, perforándole todo su ser, eclipsando todos sus pensamientos. Buscando retomar la calma, intento volver a meditar. Pero la intensidad de dolor se lo prohibió. Las contracciones se multiplicaban, y su cerebro se sobrecargaba de señales de dolor. Grito con más fuerza, llevando su voz al extremo. Cuando no pudo gritar más, miro al cielo y comenzó a suplicarle al Creador. Llena de desespero, suspiraba clemencia a Dios, le rogaba que detuviera el parto, que la dejara llegar a su casa. Su oración fue interrumpida por otro ataque de dolor. No era una contracción lo que la asaltaba, aquello no era natural. Repentinamente fue asaltada por una idea aterradora, su bebé la estaba matando.
Como respondiendo a su pensamiento, el bebé aumento el salvajismo de sus movimientos. Ella sintió como desde adentro la criatura la golpeaba, moviéndose con suma ansiedad, desesperada por salir. Llena de incredulidad, observó como de su vientre emergían unas garras, deseosas de libertad. No se percato de los chorros de sangre que la salpicaban, tornando su rostro en una mascara roja. El terror opaco el dolor, mientras observaba atónita como su carne era desgarrada. Mientras la niebla de la nada comenzaba a tragársela, logro escuchar el gemido del engendro. Lo último que su cerebro registró, fue como de su vientre, emergió una herejía. La criatura llevaba unos cuernos en su cabecita peluda, y su boquita estaba inundada de colmillos. Cuando finalmente logro librarse por completo de su cárcel, comenzó a devorar a su madre, ansioso, desesperado. Mordía y tragaba sin masticar, en un desenfreno por calmar su hambre.
Cuando su padre llego, sólo quedaban huesos. Su hijo dormitaba satisfecho. Su apariencia repulsiva, fue disfrazada por la imagen de un hermoso varón de tres años. Era una carita angelical, blanca y suave, con una larga cabellera color miel. Se acerco lleno de felicidad, y con delicadeza lo como en sus brazos. Con el amor de un padre amoroso, le suspiro en el odio “bienvenido al mundo Namrael, mi primogénito”. Antes de partir, miro al despojo que antes fue su esposa, pensando que este era el lugar ideal para que nacieran sus otros hijos. En diferentes partes del país, ocho mujeres estaban en su sexto mes de embarazo, ajenas a su destino. Dio media vuelta, y se adentro en las sombras del bosque. Atrás quedo una osamenta, ultrajada por la maldad.
“Cuando él emerja en el mundo, las pasiones malévolas aumentaran, y habrán terremotos, guerras, hambrunas, y blasfemias”
El Parafraseo de Shem, Biblia Gnóstica.
I.J. Vázquez Torres
Se adentro más en el bosque, comprometida totalmente con su rutina. Llego a un claro, donde aprovecho para reposar unos minutos. Contemplo su enorme panza, y sonrió. Desde que supo que estaba embarazada, amo con total entrega al bebé. “Hoy has estado tranquilito”, dijo mientras acariciaba su barriga. Tomo varios sorbos de agua, buscando mentalmente una ruta que fuera corta, y a la vez satisfactoria. A pesar de todo, no deseaba preocupar a su esposo. El único que no la embargaba con cuidados y consejos. Solamente él mostró respeto por sus deseos de proseguir su vida normal. No como su madre y sus hermanas, que le llenaban el celular de mensajes de voz, y visitas constantes. Que le llenaban el Inbox de su correo electrónico de reportajes, sugerencias, y otras incontables basuras. Estaba a punto de volverse a enojar, cuando comenzó. Fue inesperado, pues aun faltaban tres meses para completar el embarazo.
No hubo pánico en su corazón, ni se dejo absorber por el miedo. Desde el primer mes, su bebé brindo indicios de que iba a ser difícil de manejar. Parte de su cinismo la llevo a prepararse para esta eventualidad, sobretodo en aquel punto tan alejado de la civilización. Tomo varias inhalaciones del aire puro y aromático, mientras meditaba y se concentraba para derrotar al dolor. Cerró sus sentidos y los limito a la imagen mental de una rosa amarrilla. Cerró sus sentidos, pensando solamente en su respiración. Como el aire puro y verde del bosque entraba, y la limpiaba; a la vez que exhalaba todo lo negativo. Eventualmente, el dolor la abandonó.
Tomo su celular, y marco el número de su esposo. Necesitaba advertirle, para que estuviera todo listo para su llegada. Timbró varias veces, hasta que le contesto la grabadora. Levanto los ojos al cielo, llena de desespero y enojo. “¿Dónde carajo estará el idiota este?” le pregunto a los árboles. Prosiguió su caminata, atenta a las señales de su cuerpo, y los avisos del camino. Marco nuevamente el número, con el mismo resultado. Esta vez dejo un mensaje lleno de rudeza a su marido. “Siempre lo mismo” musitaba una y otra vez, sin darse cuenta que un hilo de sangre le bajaba por la pierna.
Cuando se disponía a volver a llamar a su marido, fue asaltada por otra oleada de dolor. Esta vez la intensidad del mismo la hizo gritar. Abrazó su vientre, mientras la masiva contracción se apoderaba de ella, llevándola al llanto. Nuevamente uso su ejercicio de relajación, buscando liberarse de la horrible sensación. “Más le vale a este cabrón que coja el teléfono” suspiro mientras trataba de marcar el numero. El timbre sonaba y sonaba, y nuevamente le contestaba la maquina. Estaba claro, su esposo, el irresponsable, nuevamente dejo botado el celular.
La sangre continuaba brotando en mínimas cantidades, lenta y callada. Ella estaba tan concentrada en su enojo, que no se percataba. Mientras tanto, el sol iba en ruta al ocaso, y ya era posible contemplar algunas estrellas. Y aparentemente, la futura madre tomo un giro equivocado. Se detuvo para examinar sus alrededores, al tiempo que buscaba mantener la calma, cuando fue asaltada nuevamente por el terrible dolor. Fue intenso, abrazándole por completo el ser. Desde su vientre hasta su cabeza, se elevaba un dolor incomparable a otros. Cerró sus ojos, no para meditar, sino para poder luchar contra un grito. En meros segundos, el dolor se transformo en agonía, y se entrego al instinto, dejando escapar un grito que acallo la vida silvestre. Sus pies perdieron fuerza, y fue a parar en el suelo. Se abrazaba el vientre con insistencia, tratando de calmarse, de silenciar el dolor, pero resultaba imposible. Nuevamente agarro el celular, pero el dolor se lo arrebato de las manos.
Su vientre se agitaba con salvajismo, mientras más sangre brotaba de su interior. Intento erguirse, con una terquedad increíble. No iba a dar a luz a su bebé sola en el bosque. Sin embargo, sus pies la traicionaron. A cada instante el dolor aumentaba, perforándole todo su ser, eclipsando todos sus pensamientos. Buscando retomar la calma, intento volver a meditar. Pero la intensidad de dolor se lo prohibió. Las contracciones se multiplicaban, y su cerebro se sobrecargaba de señales de dolor. Grito con más fuerza, llevando su voz al extremo. Cuando no pudo gritar más, miro al cielo y comenzó a suplicarle al Creador. Llena de desespero, suspiraba clemencia a Dios, le rogaba que detuviera el parto, que la dejara llegar a su casa. Su oración fue interrumpida por otro ataque de dolor. No era una contracción lo que la asaltaba, aquello no era natural. Repentinamente fue asaltada por una idea aterradora, su bebé la estaba matando.
Como respondiendo a su pensamiento, el bebé aumento el salvajismo de sus movimientos. Ella sintió como desde adentro la criatura la golpeaba, moviéndose con suma ansiedad, desesperada por salir. Llena de incredulidad, observó como de su vientre emergían unas garras, deseosas de libertad. No se percato de los chorros de sangre que la salpicaban, tornando su rostro en una mascara roja. El terror opaco el dolor, mientras observaba atónita como su carne era desgarrada. Mientras la niebla de la nada comenzaba a tragársela, logro escuchar el gemido del engendro. Lo último que su cerebro registró, fue como de su vientre, emergió una herejía. La criatura llevaba unos cuernos en su cabecita peluda, y su boquita estaba inundada de colmillos. Cuando finalmente logro librarse por completo de su cárcel, comenzó a devorar a su madre, ansioso, desesperado. Mordía y tragaba sin masticar, en un desenfreno por calmar su hambre.
Cuando su padre llego, sólo quedaban huesos. Su hijo dormitaba satisfecho. Su apariencia repulsiva, fue disfrazada por la imagen de un hermoso varón de tres años. Era una carita angelical, blanca y suave, con una larga cabellera color miel. Se acerco lleno de felicidad, y con delicadeza lo como en sus brazos. Con el amor de un padre amoroso, le suspiro en el odio “bienvenido al mundo Namrael, mi primogénito”. Antes de partir, miro al despojo que antes fue su esposa, pensando que este era el lugar ideal para que nacieran sus otros hijos. En diferentes partes del país, ocho mujeres estaban en su sexto mes de embarazo, ajenas a su destino. Dio media vuelta, y se adentro en las sombras del bosque. Atrás quedo una osamenta, ultrajada por la maldad.
“Cuando él emerja en el mundo, las pasiones malévolas aumentaran, y habrán terremotos, guerras, hambrunas, y blasfemias”
El Parafraseo de Shem, Biblia Gnóstica.
I.J. Vázquez Torres
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